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Belton Sutherland—Blues #2, 1978

nada se pierde
todo se transforma 

nada se pierde

todo se transforma 

(vía bookspaperscissors)

A-mar
como siempre una sensación infinita
que no lleva un final más que el horizonte,
que se tienta en la orilla como una espuma vacilante
pero que siempre vuelve. 
Amar. 
Indira Rojas

A-mar

como siempre una sensación infinita

que no lleva un final más que el horizonte,

que se tienta en la orilla como una espuma vacilante

pero que siempre vuelve. 

Amar. 

Indira Rojas

(Fuente: kerk, vía wingsfortheirsmiles)

En cada ventana veo una premonición de lo que no podré ser,
veo las calles, las plazas, las vidas;
las almas divagan como una lectura pausada de la realidad, de cada verdad ignorada en las horas de cada hombre y en el subsistir de cada caminante, emisor y protagonista. Allí, siempre detrás de su escondite.
Ventanas que predican una imagen amorosa de lo que sucede en el interior de las guaridas, en las profundidades de un espíritu que se siente incómodo sin sospechar porqué, ante nuestra mirada pasiva desde los callejones, las avenidas y las autopistas. Una mirada que eriza hasta las pieles más duras y curtidas, que deja la sensación que tanto nos molesta de ser observados, que invade nuestra capacidad de autocontrol y domina los sentimientos del miedo. Allí, siempre detrás del vidrio saturado de ciudad. 
Desde mi ventana veo otras costumbres, escucho cantar a las abuelas, suenan campanitas anunciando ángeles, se atropellan las risas del sábado por la noche, saboreo los almuerzos de los vecinos parroquiales, hablo con las nubes sin preocupación, los perros anuncian la lluvia, los colores se hacen más intensos, el ocaso tiene sentido, los árboles danzan intentando escapar de la tierra, los pájaros me visitan con calma, la calle no me hace daño, la ciudad es una dimensión diminuta de mi propia vida, y se me pasa la hora de sentarme a pensar en deberes y expectativas. Se me pasa la hora de ser una misión. El tiempo para ser un motivo se desvela, se acurruca dormido, a la espera de su verdadero despertar frente a la ventana que se ha llevado mi alma hacia las veredas de la imaginación sin propósito.
Hermoso despropósito el placer de observar para cuestionarse las nociones reprendidas. 
Hermosa la obsesión por las ventanas, el reflejo del vidrio corrupto abandonado al sol y la lluvia, la seducción de emprender una aventura sólo con la mirada desconocida. Como un niño, me obsesiona el dulce imaginario detrás de cada ventana. 
Indira Rojas
mpdrolet:

via visuell afasi

En cada ventana veo una premonición de lo que no podré ser,

veo las calles, las plazas, las vidas;

las almas divagan como una lectura pausada de la realidad, de cada verdad ignorada en las horas de cada hombre y en el subsistir de cada caminante, emisor y protagonista. Allí, siempre detrás de su escondite.

Ventanas que predican una imagen amorosa de lo que sucede en el interior de las guaridas, en las profundidades de un espíritu que se siente incómodo sin sospechar porqué, ante nuestra mirada pasiva desde los callejones, las avenidas y las autopistas. Una mirada que eriza hasta las pieles más duras y curtidas, que deja la sensación que tanto nos molesta de ser observados, que invade nuestra capacidad de autocontrol y domina los sentimientos del miedo. Allí, siempre detrás del vidrio saturado de ciudad. 

Desde mi ventana veo otras costumbres, escucho cantar a las abuelas, suenan campanitas anunciando ángeles, se atropellan las risas del sábado por la noche, saboreo los almuerzos de los vecinos parroquiales, hablo con las nubes sin preocupación, los perros anuncian la lluvia, los colores se hacen más intensos, el ocaso tiene sentido, los árboles danzan intentando escapar de la tierra, los pájaros me visitan con calma, la calle no me hace daño, la ciudad es una dimensión diminuta de mi propia vida, y se me pasa la hora de sentarme a pensar en deberes y expectativas. Se me pasa la hora de ser una misión. El tiempo para ser un motivo se desvela, se acurruca dormido, a la espera de su verdadero despertar frente a la ventana que se ha llevado mi alma hacia las veredas de la imaginación sin propósito.

Hermoso despropósito el placer de observar para cuestionarse las nociones reprendidas. 

Hermosa la obsesión por las ventanas, el reflejo del vidrio corrupto abandonado al sol y la lluvia, la seducción de emprender una aventura sólo con la mirada desconocida. Como un niño, me obsesiona el dulce imaginario detrás de cada ventana. 

Indira Rojas

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via visuell afasi

Muere el escritor Carlos Fuentes - Lifestyle - CNNExpansion.com

Se evapora el aura, pero la palabra queda.

Como siempre, la palabra.

Sobre todo si se trata de una pluma con inventiva. 

Indira Rojas

Escoltados por una sensación de pertenencia, los personajes de la ciudad se esconden de la niebla barata de la realidad. Son luces, son puertas, son miradas, son almas que están sembradas en las memorias de los transeúntes. Vestidos de concreto, son portavoces de una bondad desconocida, casi sobrehumana, que no es posible llevar al terreno del entendimiento. Perdería, además, todo el encanto que los amarra a la vida. Allí, en su aura cuasi-divina, allí se quedan en la víspera de su reconciliación con la sociedad.

Escoltados por una sensación de pertenencia, los personajes de la ciudad se esconden de la niebla barata de la realidad. Son luces, son puertas, son miradas, son almas que están sembradas en las memorias de los transeúntes. Vestidos de concreto, son portavoces de una bondad desconocida, casi sobrehumana, que no es posible llevar al terreno del entendimiento. Perdería, además, todo el encanto que los amarra a la vida. Allí, en su aura cuasi-divina, allí se quedan en la víspera de su reconciliación con la sociedad.

Caracas que lindo que suenas

Caracas que lindo que suenas

En Venezuela, en 1923, nació Carlos Cruz-Diez. Aún vive. ¡Y qué lucidez genial tiene!

Es un venezolano internacional y un verdadero maestro del arte participativo. 

Reconocido en el mundo por sus creaciones de arte cinético, siempre ha tenido la maravillosa de idea de extrapolar el arte a la urbe, a la ciudad, a la cotidianidad. De allí que su trabajo haya sido inspiración para obras urbanas, como edificios, pasos peatonales, incluso, diseños para autobuses.

En su afán de seguir desarrollando el concepto participativo de su arte, la Fundación Cruz-Diez ha creado una aplicación interactiva para iPhone y iPad.

¿Quieres jugar a ser Carlos Cruz-Diez? Yo sí.

“Interactive Random Chromatic Experience” Cruz-Diez App for iPad and iPhone (por CruzDiezVideo)

Es un misterio para mí la intensa necesidad de los niños de saludar a la gente en la calle, de sonreírle a extraños, de conversar con los gestos. Pero es una hermosa expresión de felicidad.

4to Festival de la Lectura Chacao, Caracas. Venezuela.
Los lectores venezolanos
son una masa de pensamientos
que felizmente rectifican 
el amor por la cultura

4to Festival de la Lectura Chacao, Caracas. Venezuela.
Los lectores venezolanos
son una masa de pensamientos
que felizmente rectifican
el amor por la cultura

Un pensamiento senil

La demencia no tiene caso. He visto a mis amigos ir al psicólogo o al psiquiatra y venir con un sistema de complejos y absurdos remodelado. Poco práctico a mi parecer, que soy un hombre de poca fe.
“Tal vez sea eso”, me dije un día. Caminaba por las calles de mi infancia, ya no recuerdo porqué, y entre los edificios que llegaban como un escenario vivo de mi memoria, estaba la iglesia en la que alguna vez me digné a ejercer mi fe. “Tal vez sea eso”, me dije ese día.”Ya no creo en nada”.
El pensamiento, inconcluso pero revelador, duró poco y no me importó mucho.
No estaba muy feliz, al parecer, de disponer mi alegría a un pensamiento trágico. Seguí mi camino, vi a una mujer joven vestida de rojo con unas piernas picaronas y sentí la necesidad de picarle el ojo. Seguí, seguí, seguí y me perdí para siempre.

¿Qué sabes de Venezuela?/ What do you know about Venezuela?